Hay pocos lugares en el mundo donde un presidente de los Estados Unidos, un papa, un príncipe heredero y el mejor futbolista de su generación se comporten exactamente como cualquier peregrino. El Muro de las Lamentaciones es uno de esos lugares. Se llega rodeado de guardaespaldas y cámaras; se sale tras un momento que todos describen de la misma manera: unos minutos de silencio, una mano apoyada en la piedra y, a menudo, una pequeña nota doblada, deslizada en una grieta del Muro.
Estas son algunas de las visitas que marcaron la historia reciente del Kotel — y lo que dicen sobre la fuerza de este gesto.

Juan Pablo II: la nota conservada en Yad Vashem
El 26 de marzo de 2000, al término de su peregrinación a Tierra Santa, el papa Juan Pablo II avanza solo hacia el Muro. Deja allí, como manda la tradición, una nota — una oración que pide perdón por los sufrimientos infligidos al pueblo judío a lo largo de la historia. La imagen da la vuelta al mundo. La nota, en cambio, no quedará entre las piedras: hoy se conserva en el memorial de Yad Vashem, como un documento histórico de pleno derecho. Un simple pedazo de papel, convertido en pieza de museo.
Catorce años más tarde, en mayo de 2014, el papa Francisco repite el mismo gesto y desliza a su vez una nota: el Padrenuestro, escrito de su puño y letra, en español — su lengua materna. Entre ambos, Benedicto XVI también se había recogido en el Kotel en mayo de 2009. Tres papas, tres notas.
Barack Obama: la nota que nunca debió ser leída
Julio de 2008. En plena campaña presidencial, el senador Barack Obama acude al Muro al alba, con la kipá puesta, y desliza una oración manuscrita en papel con membrete de su hotel. Lo que sigue será un escándalo: la nota es retirada del Muro y publicada por un diario israelí. En ella se lee una oración íntima — «Señor, protégenos a mí y a mi familia. Perdona mis pecados y guárdame del orgullo y la desesperación»… El rabino del Muro condenará con firmeza esta publicación: las notas depositadas en el Kotel son sagradas, y solo conciernen a quien las escribe.
Esta historia dice algo esencial: lo que se confía al Muro pertenece a la intimidad absoluta. Es precisamente por eso que en BaKotel, tu oración se cifra de extremo a extremo — impresa y sellada, nunca leída por nadie, ni siquiera por el estudiante que la deposita.
Donald Trump: la primera visita de un presidente en ejercicio


Ningún presidente estadounidense en ejercicio se había acercado nunca al Kotel. El 22 de mayo de 2017, Donald Trump cruza ese umbral histórico: la mano apoyada plana sobre la piedra, una larga inmovilidad, y luego una nota deslizada en una grieta. Melania Trump se recoge en el lado de las mujeres. Las fotos oficiales de la Casa Blanca inmortalizan la escena.
El príncipe Guillermo, Vladímir Putin y los jefes de Estado del mundo entero
En junio de 2018, el príncipe Guillermo realiza la primerísima visita oficial de un miembro de la familia real británica a Israel. En el Muro, con la kipá puesta, se recoge largamente y desliza — también él — su nota. En junio de 2012, fue Vladímir Putin quien sorprendió a todos al acudir al Kotel de noche, permaneciendo largos minutos inmóvil frente a la piedra. Emmanuel Macron se recogió allí en enero de 2020, al margen del Foro Mundial sobre el Holocausto. Antes de ellos, Mijaíl Gorbachov se había recogido en el Kotel en junio de 1992, tres años después de la caída del muro de Berlín; más recientemente, en febrero de 2024, el presidente argentino Javier Milei fue allí con la kipá puesta, visiblemente conmovido. La lista de los huéspedes del Muro se parece a un directorio diplomático mundial — y todos se marchan con la misma imagen: la de un lugar que pone a todos en pie de igualdad.


Messi, el Barça, Madonna: cuando las estrellas hacen el mismo gesto
En agosto de 2013, Lionel Messi y toda la plantilla del FC Barcelona se presentan en el Kotel durante su «gira de la paz» por Oriente Medio. Las imágenes de los jugadores alineados frente al Muro dan la vuelta a las redes sociales. Madonna, ligada desde hace tiempo al estudio de la Cábala, se ha recogido allí en varias ocasiones durante sus visitas a Israel. Cantantes, actores, campeones: año tras año, el Muro recibe sus notas como recibe todas las demás — sin distinción.
No necesitas un avión presidencial
Lo que impresiona de todas estas historias es lo que tienen en común: ante el Muro, ya no hay protocolo ni privilegio. Una nota de un papa y una nota de un anónimo reposan en las mismas grietas, entre las mismas piedras dos veces milenarias.
Si Jerusalén está lejos de tu casa, tu oración sí puede hacer el viaje. Un estudiante de Torá de Jerusalén la coloca en el Muro en tu nombre, con una prueba en foto o vídeo que lo respalda — desde 18 €. Y para las grandes ocasiones, nuestros programas de excepción (40 días de colocación diaria, lectura completa de los Tehilim, minyan en el Kotel) dan a tu gesto la amplitud que tenían los que acabas de leer.